Podcasts BD 03 – Aullando a la Luna: historia de la licantropía y otras teriomorfosis


Podcast Drosophila 3  Aullando a la Luna: historia de la licantropía y otras teriomorfosis

Bienvenidos a una nueva entrega de podcasts de Drosophila. En esta ocasión, me van a permitir que les desmonte un nuevo mito, siendo este el motivo por el que he decidido titular esta nueva emisión “Aullando a la Luna: historia de la licantropía y otras teriomorfosis”.

Representación pictórica de la deidad egipcia Anubis. El dios canino Anubis es uno de los casos de teriomorfosis más conocidos, pues este dios se conocería desde el período predinástico (período Calcolítico, 6.000 a. C. aprox.).

Como sabrán nuestros queridos amigos, desde antiguo, las civilizaciones más florecientes de la Historia Universal han ido labrando y torneando entorno a su creación diferentes leyendas y mitos en un afán de darle a sus ídolos habilidades o poderes sobrenaturales. Entre estas numerosas tradiciones culturales se encuentra la del teriomorfismo (quizás se trate de la más reseñable y conocida). Así, bajo el sustantivo “teriomorfismo” se recoge cualquier transformación de un ser humano en un animal, ya sea de forma parcial o completa. Por tanto, el teriomorfismo describe a un personaje que compartiría rasgos humanos y animales, como ocurre con las representaciones de ciertas deidades egipcias. Sin ir más lejos, Anubis se representa como una forma de aspecto antropoide que muestra por cabeza la de un chacal. Sin embargo, el caso más destacado y conocido de teriomorfismo es posiblemente la licantropía. Los estudiosos de la etimología centran el origen de esta palabra en el poema “Las Metamorfosis” de Ovidio. En él, Licaón, rey de Arcadia, es convertido en un lobo rabioso por Zeus como respuesta al intento de servirle carne humana “al padre de los dioses y los hombres” con la intención de refutar su deidad.

Sirva pues esta introducción para adentrarnos desde el “logos” y dejando de lado el “mythos” en el fenómeno conocido como licantropía. Olvídense de aquellas historias, fruto del imaginario colectivo, en la que personajes pintorescos se convierten en este singular cánido a la luz de la luna llena. Vamos a arrojar sobre este tema la luz de la ciencia. Así, nos podemos preguntar ¿por qué pervive en el subconsciente colectivo y en el imaginario de tantas personas a lo largo y ancho del planeta la idea de un humano que bajo el influjo de la luna llena puede adquirir atributos propios de Canis lupus? La razón, la encontramos en la Psiquiatría.

Estructura química del núcleo de porfirina. Las porfirinas están compuestas por un anillo tetrapirrólico que alberga en su centro un átomo metálico. Así, la clorofila (pigmento fotosintético) acoge en su centro un átomo de Mg, mientras que la hemoglobina sanguínea muestra un átomo de Fe.

Se conoce desde antiguo con el nombre de licantropía clínica al trastorno o síndrome psiquiátrico que provoca alucinaciones en la persona afectada haciendo creer de manera ilusoria al paciente que es capaz o tiene la habilidad de transformarse en lobo, mostrando además una pauta de comportamiento que se asemeja bastante a la que presentarían en el medio natural. Un estudio realizado sobre la licantropía clínica publicado a mediados de los años 90’s en el Journal of the Royal Society of Medicine propuso un criterio de diagnóstico basándose en una serie de parámetros con los que poder reconocer y diagnosticar de manera eficaz este desorden. De esta forma, los investigadores entendieron que un paciente que relataba que en ocasiones se sentía como un animal y mostraba un comportamiento semejante a dicho animal sería un candidato a sufrir licantropía clínica. Es más, establecieron que algunos individuos gruñían, gemían y se arrastraban como los animales en que decían convertirse.

Es necesario hacer un inciso, puesto que en los casos tratados de licantropía clínica citados en dicho estudio la mayoría de los sujetos reconocieron encarnarse en gatos, hienas o incluso en caballos. Fue mínimo el número de pacientes que reconocieron transformarse en lobo. De la misma manera, cabe advertir asimismo que los estudios realizados hasta la fecha sobre este tema dejan claro que no hay un diagnóstico específico de enfermedad neurológica o mental que se encuentre asociado y que sea el desencadenante de este comportamiento, por lo que cabría que pudiera tratarse de una nueva expresión de psicosis poco conocida o estudiada.

Ya tenemos desmontada la primera mitad de la leyenda que gira en torno a los famosos hombres-lobo. Pero, ¿por qué siempre se asocia esta criatura a las noches de luna llena? Y lo que es más raro aún, ¿por qué siempre los pacientes de licantropía clínica dicen convertirse en animales peludos como gatos, hienas o lobos? Muy bien, queridos oyentes, la explicación reside en otra enfermedad que recibe el nombre de hipertricosis, a la que se conoce también vulgarmente como “enfermedad del hombre-lobo”.

Retrato del “hombre-lobo” tinerfeño Pedro González. Su historia de amor con Catherine (dama de compañía de Catalina de Médicis), inspiró, según numerosos expertos en la materia, a escribir a Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve su obra “La Bella y La Bestia”.

Las personas que sufren de hipertricosis se destacan por presentar una desmesurada cantidad de vello, de tal forma que la totalidad de su cuerpo está cubierto por un lanugo largo, quedando a excepción de las palmas de las manos y de los pies todo el cuerpo recubierto por este pelamen. Esta característica es fruto de una mutación ligada al cromosoma Y, siendo de hecho una enfermedad de herencia familiar. Sin ir más lejos, uno de los casos más reconocidos de hipertricosis lo tenemos en el siglo XVI en nuestro conciudadano español, el tinerfeño Pedro González, que fuera descendiente de menceyes guanches y llegase a ser nombrado gentilhombre en la corte del rey Enrique II de Francia. Pedro González aparece además retratado en el cuadro titulado “Salvaje gentilhombre de Tenerife“, el cual se encuentra en el castillo de Ambras, Innsbruck (Austria).

Añadida a la hipertricosis, o mejor dicho, de forma paralela a ella (a menudo se muestran de manera simultánea) aparece otra enfermedad: la porfiria cutánea tardía. Esta enfermedad cursa con la acumulación en la piel de porfirinas, que son un intermediario en la síntesis del grupo hemo que forma parte de diversas proteínas, entre ellas cabe destacar quizás la hemoglobina. De esta forma, al interaccionar estas porfirinas con la radiación ultravioleta proveniente del Sol, se genera una excitación en estas moléculas que acaban generando un daño en la piel del individuo afectado de porfiria cutánea tardía. Por tanto, como mecanismo de defensa frente a esta agresión causada por la luz solar, se aumenta la cantidad de vello en todas aquellas zonas que se encuentran expuestas a la radiación solar. No hace falta ser muy avispado para darse cuenta que por este motivo, tiempo atrás, personas afectadas por esta dolencia salían por la noche, con la única finalidad de evitar la exposición a la luz del Sol.

Convendrán conmigo que a falta de energía eléctrica la mejor forma de merodear por la ciudad o el monte sin poder hacerlo a plena luz del día es teniendo como faro la luz de la luna llena. ¡El enigma está resuelto!

En España el caso más conocido de licantropía clínica es el del gallego Manuel Blanco Romasanta. De hecho, es el único caso documentado en nuestro país hasta la fecha. Este personaje de la que podrías calificar “España profunda” del siglo XIX llegó a cometer numerosos crímenes. Tal fue el revuelo que formó este señor que con él se dio origen a la leyenda del hombre-lobo español así como a la de “El Sacamantecas”. Esta leyenda se debe a que el propio Romasanta en el juicio al que se le sometió aseguró haber asesinado a 13 personas a sangre fría usando tan sólo como armas sus dientes y manos. Además, alegó que estas actuaciones eran consecuencia del maleficio realizado por una “meiga” del que fue víctima y el cual le hacía convertirse en lobo cada noche de luna llena.

Hoy día, estos misterios están resueltos y gracias a la ciencia sabemos que se ocultaba en realidad detrás de estos fenómenos. Lamentablemente, este avance técnico no tenía lugar en aquella época y el caso de Manuel Blanco Romasanta dio lugar en la época de Isabel II a numerosos cantares.

Hasta aquí el podcast de Boletín Drosophila de hoy. Nos despedimos hasta una nueva entrega dejando de fondo la música de Francisco Sánchez y sus “4 Elementos”. Hasta la próxima entrega de los podcasts de Drosophila y sin nada más que añadir, ¡disfruten de la ciencia!

 

Sobre Eduardo Bazo Coronilla

Miembro del equipo de redacción de Boletín Drosophila, Licenciado en Biología en la Universidad de Sevilla. Ha colaborado en calidad de alumno en prácticas con el grupo de investigación de Plantas Acuáticas, Cambio Climático y Aerobiología (PLACCA) del Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Farmacia en la Universidad de Sevilla a la órdenes de Pablo García Murillo. Apasionado de la Botánica y la Micología (en la que se está iniciando), es un sagaz conocedor de la orquidioflora andaluza que disfruta a la par del senderismo y la buena música rock.

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