Podcasts BD 07 – Fugu y kabuki: delicias por las que morir.

Podcasts Boletín Drosophila 7 Fugu y Kabuki


Ejemplares de fugu a la venta en la pescadería Tsukiji en Tokyo. Numerosos restaurantes de la zona acuden allí para comprar los ejemplares con los que más tarde realizarán sus platos de sashimi.

Bienvenidos una semana más a los podcasts de Drosophila. En esta ocasión, traemos una trágica historia de muerte que hemos venido a titular con el nombre: “Fugu y kabuki, delicias por las que morir”. Por el título, ya habrán podido advertir que tiene como uno de los protagonistas principales al fugu, también conocido bajo el nombre de pez globo por su peculiar comportamiento de defensa frente a otros depredadores. Así, bajo el nombre vulgar de “fugu” se engloban casi medio centenar de especies correspondientes a los géneros Takifugu, Lagocephalus, Sphoeroides y a los peculiares peces erizos del género Diodon. Para simplificar nuestra historia tóxica, nos quedaremos con la especie más representativa Takifugu rubripes.

Takifugu rubripes es todo un manjar en Japón, pues es el componente principal del sashimi, especialidad gastronómica japonesa que cuesta unos 400€ el plato y que quienes lo han probado dicen que la ambrosía debe ser lo más parecido a comer este pescado crudo finamente loncheado. Todos sabemos que este pez puede ser mortífero, ya que todo él está cargado de tetradotoxina: una potente neurotoxina que bloquea la entrada de iones de sodio en las neuronas por los canales del mismo nombre e impide la correcta circulación de los impulsos nerviosos. Quienes consumen fugu están adquiriendo un manjar, pero también corriendo un riesgo, pues si se consume por accidente el hígado, las gónadas o los intestinos estamos jugando sin saberlo a una especie de ruleta gastronómica… Y si lo hacemos de manera intencionada, estamos cometiendo poco menos que la osadía de un suicidio involuntario, como le ocurrió al famoso actor de kabuki Mitsugoro Bando, quien fuera considerado tesoro nacional nipón por sus interpretaciones de Kakogawa Honzo en el cuento de los 47 Ronin. Puede parecer cómico que por una serendipia de la vida, un actor de obras teatrales dramáticas japonesas fuese a morir de manera no menos dramática.

Elaboración de sashimi a base de pez fugu en un restaurante de Yamaguchi.

En enero de 1.975, Bando se encontraba en Kyoto con unos amigos y decidió ir a un restaurante a comer “fugu kimo”, un plato preparado única y exclusivamente a base de hígado de fugu. Bando gustaba de la agradable sensación de hormigueo que le producía en la lengua y los labios el comer el hígado de este pez y desechó las advertencias de sus amigos, que le recordaron lo peligroso de desarrollar aquel opíparo festín. Lo que mató a Bando según conocemos de los análisis de la autopsia y todos atisban a resolver fue envenenamiento por tetradotoxina. Falleció 8 horas después en la habitación de su hotel, pues lo que empezó como un hormigueo en la lengua y labios no era más que el aviso de lo que le sobrevendría posteriormente: parálisis de brazos y piernas, dificultad respiratoria, convulsiones y finalmente, la muerte, ya que frente a la tetradotoxina no se conoce ningún antídoto.

La muerte de Bando conmocionó al país, pero hasta 1.983, año en que el gobierno japonés  prohibió la comercialización de hígado de fugu, muchos murieron por comer esta víscera que según cuentan, es una exquisitez aún mayor de la propia carne del pez. Actualmente y por fortuna el número de fallecimientos debido a la ingestión de fugu es menor, salvo arrojados que deciden prepararlo por su cuenta y riesgo, ingiriendo estas partes tóxicas anteriormente expuestas líneas arriba.

Se ha visto que la TTX es 160.000 veces más potente que la cocaína a la hora de inhibir la conducción axonal de las neuronas sensoriales.

Hoy día, la formación de los cocineros de fugu está estrictamente regulada y controlada. Los aspirantes a convertirse en restauradores que desarrollen sus servicios en establecimientos que sirven fugu, deben ser capaces de despellejarlo y cortarlo en lonchas para sashimi superando un examen que mide la destreza y velocidad a partes iguales: en 20 minutos deben ser capaces de diseccionar el pez en trozos comestibles y “prohibidos”, marcándolas con las etiquetas correspondientes (rojas para las tóxicas y negras para las que pasan a cocina), para finalmente presentar el plato de manera atractiva al jurado. Como curiosidad, de los casi 1.000 candidatos que se presentaron a examen en el año 2.012, tan sólo un 57% lo aprobó.

Recientes estudios publicados en la revista Toxicon por Zenlong Wu, del Departamento de Ciencias Biológicas y Biotecnología de la Universidad Tsinghua de Pekín, han venido a demostrar que las vísceras del pez fugu (intestinos, ovarios, hígado y vesícula biliar) albergan en su interior bacterias del género Bacillus spp. así como actinomicetos de los géneros Actinomycete spp. y Nocardiopsis dassonvillei que son realmente las productoras de la tetrodotoxina y sus derivados. Aún se desconoce el motivo por el que estas bacterias producen tal cantidad de toxinas y si la dieta que siguen estos peces puede influir en la proliferación de su microbiota interna. Lo cierto y verdad es que son numerosos los grupos de investigación que hoy día trabajan codo con codo para obtener peces fugu totalmente libres de tetradotoxina.

Tras haber visto este caso, debemos decirle a Hipócrates que no debía conocer la existencia del pez fugu cuando sentenció aquello de: “Que tu medicina sea tu alimento y el alimento tu medicina”. A Mitsugoro Bando, el alimento proporcionado en su tóxica última cena no le sirvió para superar sus supuestos problemas emocionales, según cuenta la crónica rosa nipona.

Hasta aquí esta nueva entrega de los podcast de Drosophila. Que tengan una feliz semana y sigan disfrutando de la ciencia. Ya saben que pueden encontrarnos las 24 horas del día en www.drosophila.es.

Sobre Eduardo Bazo Coronilla

Miembro del equipo de redacción de Boletín Drosophila, Licenciado en Biología en la Universidad de Sevilla. Ha colaborado en calidad de alumno en prácticas con el grupo de investigación de Plantas Acuáticas, Cambio Climático y Aerobiología (PLACCA) del Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Farmacia en la Universidad de Sevilla a la órdenes de Pablo García Murillo. Apasionado de la Botánica y la Micología (en la que se está iniciando), es un sagaz conocedor de la orquidioflora andaluza que disfruta a la par del senderismo y la buena música rock.

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