Podcasts BD 04 – Vampiros: deconstruyendo a Nosferatu

Vampiros Deconstruyendo a Nosferatus


Fotograma de “Nosferatu”, película producida por Prana Films en 1.922. Es la primera de muchas adaptaciones cinematográficas que se han hecho de la novela de Bram Stoker.
La intención de la cinematográfica alemana era producir películas de temática ocultista y sobre seres sobrenaturales, pero se vio obligada a presentar quiebra para evitar litigar con la viuda de Bram Stoker por los derechos de autoría de la obra, al considerarse un plagio de la novela del irlandés.

Bienvenidos, seguidores de los Podcast de Drosophila, a una nueva entrega de esta peculiar forma que hemos adoptado de transmitir y divulgar la ciencia. En esta ocasión, y viendo la buena acogida que ha tenido nuestro Podcast “Aullando a la Luna: Historia de la Licantropía y otras Teriomorfosis”, donde desmentíamos a la luz de la ciencia el fenónemo de los hombres lobos, hemos decidido seguir una singular cruzada para aclarar qué se esconde tras ciertas leyendas, las cuales iremos publicando periódicamente en nuestros podcasts para el disfrute de los aficionados al “logos” científico. Concretamente en este caso nos vamos a centrar en la mística figura de los vampiros. El podcast de hoy lleva por nombre: “Deconstruyendo a Nosferatu”.

Para ello, como hiciéramos en el caso anterior, nos centraremos en los vampiros de las leyendas, aunque sí debemos advertir que hay un punto histórico en esta leyenda, y es que el Drácula que conocemos, sobre todo el descrito en la novela del irlandés Bram Stoker, está inspirado en el popularmente conocido rey de Valaquia Vlad Draculea, a la postre Vlad III y que nació en la localidad de Sighisoara, en la región de Transilvania. El origen del mito partiría pues, según parece, en este personaje histórico que según los otomanos, tras empalar a sus enemigos (se oponía al expansionismo del imperio otomano llevado a cabo por éstos allá por el s. XV) se bebía la sangre de los ajusticiados. De esta forma, Vlad Tepes (de todas estas formas se le conoce) es el referente tomado por Stoker para la novela escrita 4 siglos después. Como ven, el verdadero Drácula en nada se parece a las temibles criaturas creadas recientemente para quinceañeras y que brillan bajo el sol.

Retrato de Vlad III, conocido popularmente como Vlad El Empalador. El retrato de este héroe nacional rumano puede admirarse en la Cámara de Arte y Curiosidades del palacio de Ambras, en la ciudad de Innsbruck.

El mito del vampiro es común como elemento de folclore popular en numerosas culturas, el cual, con sutiles o grandes diferencias, siempre parece cubrir la necesidad de personificación o encarnación del mal y por tanto de los instintos animales más primitivos del hombre. Así, muchas de las características que hoy día damos por sentadas como intrínsecas a estos seres sobrenaturales provienen de la literatura, principalmente de la citada novela de Bram Stoker. Podemos citar como características básicas las siguientes:

  • Fueron humanos que al fallecer no pudieron pasar al “otro lado”.
  • Presentan tez blanca, reflejo de la lividez mortuoria. Asimismo, muestran pelos, uñas y dientes más  largos que al ser enterrados.
  • Tienen la capacidad de transformarse en murciélago, aunque según otros relatos también lo hacen en perros, gatos, ovejas o incluso caballos.
  • Se alimentan de “fluido vital”, cosa que la sociedad rápidamente identificó como una dieta hematófaga. En algunas culturas se dice que son antropófagos.
  • Presentan las características propias de un super-depredador, es decir, una fuerza hercúlea  y velocidad extraordinaria. Darle muerte es una tarea de extrema dificultad.

Ya hemos presentado al mito, al personaje literario conocido por todos, pero para abordar el tema con rigor científico antes debemos hacer hincapié en dos puntos fundamentales que van a ser los pilares en los que se va a cimentar nuestro podcast de hoy. Estos son los murciélagos vampiros o murciélagos hematófagos por un lado, y por el otro, ciertas enfermedades que afectaban a la sociedad cuando estas leyendas se hicieron fuertes o que fueron el caldo de cultivo perfecto para que se perpetuaran en el imaginario colectivo. Podemos dejar a un lado el tema de la transformación en animales, fenómeno que ya explicamos en el podcast donde se trató la licantropia.

Representación de un ejemplar de Desmodus rotundus (conocido como vampiro de Azara en honor a Félix de Azara) alimentándose de un cerdo.
Este murciélago ataca al ganado, y rara vez provoca daños al animal afectado puesto que la sangre que extrae a su víctima es pequeña (se estima que unos 25 ml en media hora). El peligro radica en la posibilidad de servir de vector de la rabia.

Atendiendo al primero de los argumentos dados hace escaso minutos, podríamos decir que la zoología apoya el mito del vampirismo, al existir un grupo de murciélagos hematófogos, los Desmodóntidos, los cuales se alimentan de sangre. Actualmente se conocen para la ciencia 3 especies, todas ellas de origen americano y todas ellas con una nutrición exclusivamente basada en sangre. Estas especies son: el vampiro común (Desmodus rotundus), el vampiro de patas peludas (Diphylla ecaudata) y el vampiro de alas blancas (Diaemus youngi). A pesar de que las tres especies muestran claras diferencias entre sí, cosa que ha hecho que cada una de ellas se encuentre como única especie de su género, sus diferencias con los murciélagos no hematófagos parece clara, es decir, teóricamente el hábito hematófago apareció una única vez en el curso evolutivo, teniendo las tres especies un ancestro común más reciente que con el resto de quirópteros.

Estos murciélagos se alimentan de animales de sangre caliente (mamíferos y aves principalmente), apoyándose para ello en la total oscuridad de la noche. Gracias a su nariz y al sensor de radiación infrarroja situado en ella, localiza el lugar donde la sangre fluye cercana a la piel y muerde para sustraerla. La zona de la mordedura ha de estar carente de pelo, y en el caso de que el animal lo presente, el murciélago usará sus afilados dientes para dejar la zona al descubierto. Posteriormente, su saliva rica en compuestos anticoagulantes hará el resto, facilitando que la sangre fluya fuera de las víctimas y favoreciendo la alimentación del alado mamífero mediante lametones. Huelga decir por tanto que teniendo este animal este tipo de alimentación tan peculiar, es normal que se asociara rápidamente al folclore de la temática que hoy nos ocupa.

Referente a nuestro segundo pilar, las enfermedades que ayudaron a alimentar la leyenda y el mito de los vampiros, cabe citar una gran variedad de ellas, sobre todo aquellas que actuaban como epidemias y que debido a su capacidad de contagio podían acabar con un poblado en poco tiempo. Normalmente este tipo de enfermedades dejaban al paciente en cama sumido en auténticos delirios por la fiebre, ¿no se que parece algo a cómo nos presentan a las víctimas del vampiro?

Entre las numerosas enfermedades relacionadas con este singular fenómeno, la más conocida quizás sea la denominada enfermedad de Günther o porfiria eritropoyética congénita. Se trata de una anomalía que se caracteriza por el mal funcionamiento de una enzima, la ferroquelatasa, encargada de metabolizar las porfirinas, precursoras del grupo hemo de la hemoglobina. Esta deficiencia enzimática produce una bioacumulación de porfirinas que dan lugar a una serie de síntomas muy similares a los que se asocian a los vampiros en el folclore popular:

  1. Fotosensibilidad: Se produce una hipersensibilidad a la luz solar, que produce destrucción celular por la producción de peróxidos. Esto da lugar a una gran cantidad de cicatrices y heridas abiertas en la piel. El organismo para evitar este daño produce una crecimiento anormal de vello en las zonas expuestas. Este caso es similar al que se expuso en el podcast de los licántropos, si recuerdan.
  2. Deformidades: Se destruyen los labios, lo que deja los dientes expuestos al exterior pareciendo éstos de mayor tamaño. De la misma manera, se deforman los cartílagos nasales y auriculares, presentándose frontalmente los orificios nasales y dando a las orejas un aspecto puntiagudo. La acumulación de porfirinas también provoca enrojecimiento de los ojos y los dientes.
  3. Intolerancia al ajo: Una sustancia presente en él puede destruir los grupos hemo de la hemoglobina, cosa que empeora la situación del afectado.
  4. Palidez: Los afectados sufren una anemia severa, fenómeno estrechamente relacionado al color pálido de piel. Antaño, el tratamiento clásico contra la anemia consistía en beber sangre de otros animales, por lo que de aquí viene la sed de sangre de los vampiros. En realidad el tratamiento era poco efectivo dado que los ácidos estomacales acababan con la mayoría de las sustancias de interés.

El grupo hemo de la hemoglobina muestra un ión ferroso contenido en el centro de un gran heterociclo orgánico llamado porfirina, hecho de cuatro grupos pirrólicos unidos entre sí por puentes de metino.
La inclusión del hierro dentro del tetrapirrol es llevada a cabo por la enzima ferroquelatasa, por lo que una deficiencia en esta enzima, provoca unos niveles de hemoglobina en sangre más bajos de los que muestra una persona sana.

Otra enfermedad relacionada con la leyenda vampírica, es la peste, enfermedad contagiosa producida por la bacteria Yersinia pestis y transmitida por la pulgas desde los roedores. Es común encontrarla como trasfondo de muchas de la historias existentes sobre vampiros y he aquí el motivo lógico. Para evitar el contagio masivo por parte de la población, muchos de los afectados eran enterrados sin verificar la muerte clínica, cosa que produjo bastantes casos de enterramiento “in vivo”. Así, tras las exhumaciones, podemos hacernos una idea de lo que las mentes de la época pensarían al ver nuevas heridas y marcas de uñas producidas en un vano intento de escapar de tan oscura y macabra prisión. A esta ecuación hay que sumar otro término, y es que para comprobar que alguien era un vampiro, durante la edad media eran comunes en el transcurso de estas exhumaciones acompañar las mismas con el golpe de una estaca en el corazón. De esta forma, si el difunto era un vampiro, el cadáver producía una especie de grito que daba fin a su existencia. ¿Qué se esconde tras este escabroso acontecimiento? Simple y llanamente que la fermentación producida durante el proceso de putrefacción de los cadáveres produce a menudo una gran acumulación de gases dentro del cuerpo, los cuales serían liberados bruscamente al exterior al producirse una cierta presión por medio de la estaca bienaventurada que daría muerte al desalmado ser.

Para concluir, es obligatorio mencionar otra enfermedad, el carbunco o ántrax. El carbunco es una enfermedad contagiosa producida por la bacteria Bacillus anthracis, es ésta enfermedad la responsable de los síntomas característicos que sufren las denominadas víctimas del ataque de un vampiro. Así, los enfermos de carbunco muestran una sed intensa acompañada de fiebre elevada que puede dar lugar a alucinaciones. Es bastante común cuando se sufre esta enfermedad que exista dificultad respiratoria, es por ello que los enfermos dicen a menudo sentir en ocasiones una fuerza que los oprime, como si alguien lo estuviera estrangulando. Otro término más a sumar a la ecuación de los vampiros si lo contextualizamos en el período cultural e histórico pertinente, es decir, la Edad Media.

Hasta aquí el podcast de hoy. Espero que este podcast haya servido para desmontar la leyenda de los vampiros en nuestro imaginario colectivo y no por ello dejen de disfrutar con la ficción cinematográfica o literaria de estas criaturas. Les dejamos como no puede ser de otra manera con el tema Kaleidoscope, de Jaime Heras, hasta la próxima entrega de los podcast de Drosophila. Hasta entonces, disfruten de la ciencia en nuestra web: www.drosophila.es

Sobre Eduardo Bazo Coronilla

Miembro del equipo de redacción de Boletín Drosophila, Licenciado en Biología en la Universidad de Sevilla. Ha colaborado en calidad de alumno en prácticas con el grupo de investigación de Plantas Acuáticas, Cambio Climático y Aerobiología (PLACCA) del Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Farmacia en la Universidad de Sevilla a la órdenes de Pablo García Murillo. Apasionado de la Botánica y la Micología (en la que se está iniciando), es un sagaz conocedor de la orquidioflora andaluza que disfruta a la par del senderismo y la buena música rock.

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