DRIPs: Diminutos, Raros, Impronunciables y Parásitos

Imagen de un salmónido afectado por Ichthyophonus. Fíjese en las manchas rojizas que aparecen en el animal.

Imagen de un salmónido afectado por Ichthyophonus. Fíjese en las manchas rojizas que aparecen en el animal.

Así podríamos calificar a los organismos que en breves líneas les voy a presentar hoy. Estas siglas perfectamente les describirían. ¿De qué les hablaré? Vuelvan a leer el título de este breve. Exacto, DRIPs es el nombre de estos microorganismos. Bajo el nombre de DRIPs se esconden unas 30 especies de protistas que forman parte del filo Coanozoa, pertenecientes concretamente a clase Mesomycetozoea. A su vez, esta clase se divide en 2 familias, la familia Dermocystida y la familia Ichthyophonida.

¿De dónde viene pues el nombre de DRIPs? Los géneros representados por la letra D, la R y la P son por este orden: Dermocystidium, Ichtyophonus y Psorospermium. La R es un engaño del descriptor, porque no se correspondía con la primera letra del nombre latino de ningún género. Aludía al agente rosetta, un parásito comercialmente importante del salmón que lleva por nombre científico Sphaerothecus destruens. Por lo que verdaderamente debieron llamarse desde un principio DIPs. ¿Pero quién soy yo, humilde divulgador para hacer tambalear la sistemática y taxonomía animal?

El famoso zoólogo y filósofo alemán natural de Postdam describió al género Psorospermium.

El famoso zoólogo y filósofo alemán natural de Postdam describió al género Psorospermium.

¿Qué sabemos de estos DIPs? Hasta hoy día, ciertamente poca cosa. Todos ellos tienen en común ser pequeños parásitos unicelulares de peces y otros animales de agua dulce. Así, Dermocystidium, por ejemplo, se manifiesta en forma de quistes en la piel y/o en las branquias de los salmónidos, anguilas, ranas o tritones, entre otras especies animales en las que se ha descrito hasta la fecha. Por su parte Ichthyophonus causa infecciones en más de 80 especies de peces, mientras que los representantes del género Psorospermium, (descubierto y descrito para la ciencia por el famosísimo Haeckel), infecta a los cangrejos de río. Finalmente, los individuos de Shpaerotecum infectan a los salmones. Como ven, todos ellos tienen en común el ser parásitos de peces, siendo este el motivo por el que Cavalier-Smith les denominó Ichthyosporea, englobando a todos en esta clase. Él fue quien nos engañó colocando la R cuando ésta no se correspondía con la inicial de ningún género descrito.

Debió ser un visionario, pues hoy esta R se ha ganado un lugar de privilegio dentro del acrónimo DRIPs. Hoy sabemos que tras esa R se esconde un parásito de la nariz humana, Rhinosporidium seeberi. Rhinosporidium fue descrito por primera vez en 1890, y por las casualidades de la taxonomía, se describió como hongo. El pobre Cavalier-Smith sabía que sus microorganismos no eran hongos, pero no conocía que Rhinosporidium fuese un DRIPs de pleno derecho.

Imagen de un paciente afectado por rinosporidiosis. Obsérvense las masas de "pólipos" en la cavidad orofaríngea del sujeto.

Imagen de un paciente afectado por rinosporidiosis. Obsérvense las masas de “pólipos” en la cavidad orofaríngea del sujeto.

Rhinosporidium seeberi causa rinosporidiosis, una molesta enfermedad que infecta y tapona la nariz de los humanos y otros muchos mamíferos y aves con excrecencias tipo pólipos. Se trata de una enfermedad de carácter tropical y los médicos sospechan desde hace tiempo que se contraería únicamente bañándose en ríos o lagos y inhalando agua “contaminada” con estos microorganismos. Lo que sí ha sido de gran ayuda para la medicina es saber de una vez por todas que no se trata de un hongo, porque en su ignorancia, estaban tratando la rinosporidiosis hasta la reclasificación taxonómica de estos minúsculos habitantes de las aguas dulces con fungicidas, lo cual no surtía efecto, lo cual le daba más de un quebradero de cabeza.

Finalmente, estos organismos son interesantes desde el punto de vista evolutivo porque están estrechamente emparentados con los animales. Aunque no se conoce con certeza aún su lugar exacto en el árbol filogenético, parecen ser el grupo que primariamente se separó del linaje que posteriormente daría lugar a los animales que hoy todos conocemos.

Es por eso que son necesarios los taxónomos, más allá de por el conocimiento básico que en definitiva es esencial y el motor que mueve a la ciencia y en última instancia el mundo, sino por el conocimiento aplicado. ¿Qué habría pasado con estos pequeños organismos si en lugar de parasitar peces, que son un recurso económico y alimentario importante para las comunidades humanas, se hubiesen dedicado a parasitar dragones de Komodo? Quizás nunca los habríamos conocido. ¿O sí? ¿Quién sabe? Es más, ¿quién sabe si no hay primos hermanos suyos que no parasitan las narices de los dragones de Komodo? ¡Paren el mundo, que yo me bajo!

Sobre Eduardo Bazo Coronilla

Miembro del equipo de redacción de Boletín Drosophila, Licenciado en Biología en la Universidad de Sevilla. Ha colaborado en calidad de alumno en prácticas con el grupo de investigación de Plantas Acuáticas, Cambio Climático y Aerobiología (PLACCA) del Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Farmacia en la Universidad de Sevilla a la órdenes de Pablo García Murillo. Apasionado de la Botánica y la Micología (en la que se está iniciando), es un sagaz conocedor de la orquidioflora andaluza que disfruta a la par del senderismo y la buena música rock.

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