Los primos del cloroplasto

Todo el mundo conoce a los cloroplastos, esas “cosas” alargadas y verdes que están en las células vegetales y que sirven para hacer la fotosíntesis. Pero ¿sabías que existen otros tipos? Lo primero que debemos destacar es que éste orgánulo vegetal pertenece a un grupo conocido como plastidios o plastos. Todos vienen de un tipo inicial o progenitor llamado protoplasto. Este estado inicial se puede diferenciar en cuatro formas distintas (incluyendo al cloroplasto) dependiendo de las condiciones ambientales que rodean a la planta o a la función del órgano al que pertenece la célula del orgánulo.

Para obtener cloroplastos, necesitamos un aporte de luz que ponga en marcha la maquinaria de genes que dará lugar al aparato fotosíntético. Si no hay suministro de luz (como ocurre al germinar la semilla que se encuentra bajo tierra), el protoplasto se diferenciará en etioplasto. Este estado es transicional entre el inicial y el cloroplasto ya que si aplicamos luz pasarán a estos últimos. Realmente este plasto no tiene función alguna. Lo que hace la planta es dejar la diferenciación en standby para no consumir energía en crear moléculas que no va a usar. Así puede dedicar el esfuerzo energético en crecer hacia una fuente de luz.

Lo interesante de los dos tipos de plastos que nos quedan por ver, es que se basan en moléculas ya existentes en un cloroplastos. La evolución ha potenciado que se incremente su cantidad en detrimento de la famosa clorofila (pigmento fotosintético). Así por ejemplo han aparecido los cromoplastos que se encuentran localizados en flores o frutos. Este tipo almacena una gran cantidad de pigmentos (como el rojo licopeno del tomate) que en este caso no se usan para la fotosíntesis sino para atraer polinizadores o dispersores.

El último caso es un plasto que puede llegar a tener doble función, se le conoce como amiloplasto. Esta forma se basa en el almidón que es una molécula resultado del proceso fotosintético. Normalmente se almacena en el cloroplasto y se descompone en él según las necesidades de la células. Pero potenciando su acumulación se obtienen orgánulos de abastecimientos de energía para otras células. Este tipo lo podemos encontrar en zonas cercanas a puntos de crecimiento de la planta (nudos y raíces). Pero es en las raíces dónde encontramos su cualidad más llamativa. Debido al almacenamiento de almidón, son orgánulos que pesan bastante y que son susceptibles a la gravedad. Es lo que se conoce como gravitropismo. Las plantas lo acumulan en las raíces para detectar la dirección de la gravedad y así crecer hacia el subsuelo dónde obtienen nutrientes y agua. Os dejo un vídeo sobre el fenómeno:

Sobre Ángel León

Presidente de la Asociación Cultural de Divulgación Científica Drosophila. Licenciado en Biología por la Universidad de Sevilla. Máster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental por la Universidad Pompeu Fabra. Persigo la meta de la divulgación y la comunicación científica como medio de vida. Es así como nace la idea de llevar la revista Boletín Drosophila desde el Campus de Reina Mercedes de Sevilla al vasto mundo online. Puedes encontrarme en angelleon@drosophila.es o en @tsalawaly.

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