Tardígrados, el vacío nunca es suficiente

Estos pequeños artrópodos (según la biografía que se consulte),  esconden en su ADN las bases (nunca mejor dicho) para manifestar  una resistencia que quizás pocos o ningunos llegaron a imaginar;  son los primeros animales que sobreviven al vacío espacial, pero  antes, una breve descripción de que es un Tardigrado. Son  animales cosmopolitas, bilaterales y presentan cinco segmentos  diferenciados; el primero recibe el nombre de segmento cefálico  por ser el que en ocasiones porta estructuras sensoriales. En los  cuatro segmentos restantes se observan las patas que son  locomotoras salvo en el ultimo, cuya función es la de fijación al medio. Carecen de sistemas excretor, circulatorio y respiratorio, en total el grupo lo conforman unas 700 especies cuya tendencia actual es colocarlos entre los Phyla Onicophora, Artropoda y Nematoda.

En septiembre de 2007, despego la nave rusa no tripulada FOTON-M3, la cual contaba, entre otros módulos con el Biopan-6, una plataforma en la que viajaban tardígrados y que fue utilizada para realizar una serie de experimentos del proyecto TARDIS (Tardigrades In Space). En el módulo iban adultos y huevos de las especies Richtersius coronifer y Milnesium tardigradum.

El objetivo era exponer tanto a los adultos como a los huevos al vacío espacial y a radiaciones UV-A y UV-B. Los resultados fueron sorprendentes.

TODOS los huevos expuestos al vacío dieron lugar a individuos sin deficiencias y la mayoría de los adultos, una vez se devolvieron al medio favorable, salieron del estado de criptobiosis y fueron capaces de realizar todas sus funciones normalmente.

La exposición a altos niveles de radiación no dio tan buenos resultados, solo el 12% sobrevivió, de los cuales un individuo pertenecía a la especie Richtersius coronifer y el resto a Milnesium tardigradum. Por último, un grupo se expuso al vacío espacial y a altos niveles de radiación al mismo tiempo, como resultado se obtuvo que tan solo tres individuos soportaron condiciones tan extremas. Todos pertenecían a la especie Milnesium tardigradum. No por ello, los resultados dejan de ser sorprendentes, y es que, crean más preguntas que respuestas: ¿Cómo pueden estos animales soportar una deshidratación extrema como consecuencia de su estancia en el espacio a una presión de 0.00001Pa frente a los 100.000Pa de la Tierra? ¿Cómo han podido algunos de los tardígrados sobrevivir a dosis de UV-A y UV-B, de más de 7000 kJ/m2 y aun producir descendencia? ¿Con que mecanismos de reparación de ADN cuentan? ¿En qué medida las diferentes longitudes de onda de la radiación UV penetra la cutícula de los tardígrados? ¿Por qué una de las especies es más resistente que la otra? Trabajos científicos de esta índole hacen fijar la vista en organismos que aparentemente no tiene interés para la ciencia más allá de su sistemática y la importancia que puede llegar a tener su estudio para comprender los procesos que rigen la vida ¿Quién le iba a decir a Goeze en 1773 cuando descubrió los tardígrados que sus“ositos de agua” serían los primeros animales que sobrevivirían en el espacio?

Manuel Domiciano Bermudo Galván

es estudiante de biología.

Breve aparecido en el número 2

Sobre Ángel León

Presidente de la Asociación Cultural de Divulgación Científica Drosophila. Licenciado en Biología por la Universidad de Sevilla. Máster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental por la Universidad Pompeu Fabra. Persigo la meta de la divulgación y la comunicación científica como medio de vida. Es así como nace la idea de llevar la revista Boletín Drosophila desde el Campus de Reina Mercedes de Sevilla al vasto mundo online. Puedes encontrarme en angelleon@drosophila.es o en @tsalawaly.