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Por Carlos Manuel Rivero Núñez

En 1976 las sondas espaciales Viking 1 y 2 se posaron en la superficie marciana con el fin de realizar unos experimentos destinados a encontrar vida microbiana en el suelo de Marte. Para ello tomaron muestras de suelo marciano y lo introdujeron en cámaras herméticas que recreaban las condiciones atmosféricas marcianas.

El primer experimento consistió en introducir en la cámara CO2 y CO con carbono marcado (C14) e irradiar la muestra de suelo con luz, eliminando la ultravioleta. Al cabo de un tiempo se comenzó a detectar emanación de vapores de composición orgánica marcados radiactivamente. Como control, tras realizar dicho experimento, se esterilizó la muestra de suelo calentándola a 160ºC durante tres horas. Hecho esto, se realizó el mismo experimento observándose que ya no había emanación de vapores orgánicos.

Un segundo experimento consistió en tomar la muestra de suelo pertinente y aislarla, acto seguido se añadió un caldo con compuestos orgánicos marcados radiactivamente, se observó un desprendimiento de CO2 marcado, lo cual daba señales claras de metabolismo degradativo de compuestos hidrocarbonados.

Dichos experimentos habían evidenciado la presencia de vida en la superficie de Marte, pero la sociedad científica llegó a un consenso por el cual se negaba la posibilidad de vida en Marte en base a argumentos tales como que no se encontraron moléculas orgánicas en el análisis de la superficie marciana, que la radiación ultravioleta incidente en la superficie destruiría toda forma de vida, que la cinética de las reacciones observadas en los experimentos de la misión Viking no respondían a patrones de cinética biológica sino más bien química, y la ausencia de agua en Marte.

Sin embargo, en los últimos años, se ha demostrado que puede haber agua líquida en Marte debido a que durante el día las zonas iluminadas pueden alcanzar los 20ºC, lo que permitiría derretir una pequeña parte de los casquetes polares marcianos que dotaran de humedad el suelo marciano. Se sostiene la idea de que, al igual que ocurre en la Tierra, en el interior de los casquetes polares puede encontrarse agua líquida que albergue formas de vida.

En base a las observaciones en la misión Viking y a los nuevos hallazgos en la composición de la atmósfera marciana, están surgiendo nuevos argumentos en pro de la vida en el Planeta Rojo. Se ha descubierto que la atmósfera marciana contiene cierta proporción de metano, formaldehído y amoniaco.

La presencia de metano denota una formación continua de éste, debido a que en presencia de luz ultravioleta la molécula se disgrega. Y dado que no se ha detectado una actividad volcánica que pueda ser responsable de emanaciones de metano, se respalda la hipótesis de su formación mediante mecanismos biológicos.

Por otro lado, el descubrimiento reciente de ciertos organismos extremófilos en la Tierra, respaldan la hipótesis de la vida en Marte. Todos estos últimos descubrimientos llevan a pensar que realmente existe vida en Marte, tanto es así que se ha creado un nuevo Reino llamado Jakobia, en el cual se incluyen organismos extraterrestres, y se ha nombrado como Gillevinia straata a esta supuesta forma de vida marciana.

Nota del redactor: Los experimentos pueden evidenciar clara señal de vida en Marte, pero no olvidemos que en el suelo existen unos compuestos con gran capacidad para inducir reacciones químicas: las arcillas (mencionadas en el artículo original). Éstas son muy buenos catalizadores y pueden llegar a dar los compuestos observados en las reacciones descritas en los experimentos de la misión Viking bajo las condiciones, por qué no, que se nombran. No sin olvidar que las arcillas son susceptibles de alterar su estructura química en exposición prolongada a una alta temperatura, pudiendo perder así su “actividad catalítica” y dar unos resultados experimentales negativos tras la “esterilización”.

Carlos Manuel Rivero Núñez

es estudiante de biología

y autor del blog Vida en la Tierra

Artículo incluido en el Número 0