Hace unos días WWF daba a conocer la extinción de la subespecie Rhinoceros sondaicus annamiticus que habitaba las selvas de Vietnam. Se cierra así otro capítulo de la historia del rinoceronte de Java que antes podíamos encontrar por Indonesia, Índia y China. Emparentado con el rinoceronte de la India (se diferencian principalmente en el tamaño), la historia de esta especie es la misma de tantas que caen ante el “progreso” humano.

Inicialmente se conocían tres subespecies. La primera en desaparecer fue Rhinoceros sondaicus inermes que se podía encontrar en la India antes de la primera década del siglo XX. Luego le tocó el turno a la anteriormente citada que era dada por extinta hasta el año 1988. Ese año se descubrió en el Parque Nacional de Cat Tien (Vietnam) a una población de unos doce integrantes. Esta subespecie había sobrevivido a años de caza furtiva y a la guerra de Vietnam (durante la cual se cazaban para dar de comer a las tropas). Se les intentó proteger para evitar que recibiera el golpe de gracia. Pero no fue posible y en 2010 se localizaron los restos de un ejemplar abatido por su cuerno. Este año (2011), las pruebas genéticas realizadas han confirmado que se trataba del último individuo de esta población. La presión por la pérdida de hábitat y la caza furtiva han sido los factores que le han llevado a desaparecer. Actualmente sólo queda una subespecie, Rhinoceros sondaicus sondaicus, que se encuentra en el Parque Nacional de Ujung Kulon (Indonesia). Aquí encontramos la última población de la especie que cuenta con unos 50 ejemplares.

Desgraciadamente, esta es la historia del fracaso entre la comunión del progreso humano y la naturaleza que le rodea. Podemos “blindar” los parques contra la deforestación y la caza furtiva. Pero obviamos la característica más importante y es que si la selva se encuentra en un país pobre y un solo cuerno de rinoceronte (usado en la medicina tradicional china) está valorado en 30.000 dólares ¿cómo convences a la población de que es mejor para ellos dejarlos vivos? La respuesta es el Santo Grial de la conservación.