En los tiempos que corren se mencionan mucho las palabras biodiversidad y diversidad. En la mayoría de los casos se hace como sinónimos. Pero realmente son conceptos totalmente distintos. El primero, la biodiversidad, hace referencia al número de especies que hay en un ecosistema. Sin embargo, la diversidad es la abundancia relativa de especies. Me explico, se refiere a todos los individuos de cada especie. En base a éste último podemos encontrar dos extremos: ecosistemas con una especie muy abundante u otros con poblaciones con el mismo número de individuos. En la naturaleza no encontramos estos casos, estando los ecosistemas representados por valores entre los dos extremos.
Valga unas metáforas para entender mejor las diferencias entre los conceptos. La biodiversidad sería las palabras que aparecen en un diccionario de, por ejemplo, la lengua castellana. Mientras que la diversidad son el conjunto de palabras que contienen esta entrada. El importante ecólogo español Ramón Margalef (1919-2004) propuso otra metáfora, quizás más bonita. Él se inspiró en una noria de Meccano para explicar el funcionamiento de un ecosistema. La biodiversidad de la noria sería el número de tipos de piezas. Mientras que para comprender la diversidad nos fijaríamos, por ejemplo, en la gran cantidad de tuercas frente a otras piezas que serían únicas como la plataforma que la mantiene. Ésto nos indica que en los ecosistemas todas las especies tienen una función, pero también hace falta un número concreto de ellos. Ni más ni menos, sólo los necesarios.
Escrito por Angel León a las 14 feb, 2012 en Artículos, Ecología | 89 views | Etiquetas: Biodiversidad, Biología, Diversidad, Ecología | 0 comentarios
Imagina un tamiz para filtrar arena y recoger los componentes más grandes. Coloca tres de éstos en posición vertical. Es fundamental que cada uno tenga una luz de malla (diámetro de de los agujeros) diferente y ponerlos de mayor a menor. Ahora coge un puñado de arena y fíltralo. Podrás ver que en el primero se habrán quedado las piedras más grandes, en el segundo tendrás unos agregados de arenas, en el tercero los granos más grandes y lo único que habrá podido pasar son los más finos.
Esto que acabo de describir es una metáfora de cómo se organizan las especies en un ecosistemas. O mejor dicho, nos sirve para entender la composición de especies que viven en un determinado ecosistema. Volvamos a imaginar un poco más. Ahora supón que lo que tienes en la mano no es un puñado de arena, sino unas bolitas de diferente diámetro. Esas bolitas son todas las especies que podemos encontrar en la Tierra. Cuando las haces pasar por nuestro experimento lo primero que se encuentran es el filtro histórico. Es decir, ¿pueden las especies llegar hasta el ecosistema que estamos estudiando? Dentro de esta pregunta entran los procesos de migración, colonización y geológicos. Por ejemplo, si nuestro ecosistema esta en Sur América, es muy poco probable que encontremos especies de Japón. Aunque si podríamos encontrar especies de África ya que este continente estuvo unido a Sur América.
Lo siguiente es el filtro fisiológico cuyas características se la dan los factores ambientales u abióticos que encontramos. La
pregunta que hay que hacer es la siguiente ¿pueden las especies soportar las condiciones ambientales? Un ejemplo rápido: un camello no dura ni dos asaltos en Groenlandia. Sobre todo es muy importante que la especie pueda sobrevivir y reproducirse en la zona.
Por último, nos encontramos el filtro biótico. Evidentemente las especies no están solas en los ecosistemas. Hay muchos inquilinos y con algunos de ellos no se van a llevar bien. Ahora la pregunta es ¿pueden las especies competir y defenderse con éxito? Un caso claro: el lobo y el león no querrán compartir la pata del cordero.
Pero además debemos añadir otro factor más a nuestro modelo. Y es que los filtros no son constantes en el tiempo. Vamos, que por muy preparado que estés para cazar gamusinos, de nada sirve porque las reglas del juego pueden cambiar. Por ello si las especies quieren seguir en el tablero han de tener capacidad adaptativa. Sólo así podrán sobrevivir y evitar que la selección natural les pille en el baño.
Escrito por Angel León a las 31 ene, 2012 en Ecología, Evolución | 514 views | Etiquetas: Camello, Divulgación, Ecología, Evolución, Filtro biologico | 0 comentarios
Bueno dentro del tema de los incendios podríamos hacer referencias a muchos problemas administrativos y de carácter cívico pero nos vamos a centrar en los distintos factores fisiológicos que convierten a nuestra flora en pasto de llamas cada poco tiempo.
En primer lugar y como aspecto fundamental nuestro clima mediterráneo claramente estacional presenta un verano propenso a la sequia con elevadas temperaturas y drásticas bajadas en los recursos hídricos disponibles, esto permite la acumulación de materia orgánica muerta incluso adherida aun a los individuos vivos, pues los descomponedores no pueden actuar bien con tan poco agua.
Al ser plantas tolerantes al estrés hídrico, presentan un bajo contenido en agua, estando vivas pero secas, además en su mayoría tienen una estructura de ramas finas divergentes que permiten mejor la aireación y por tanto la combustión, que los troncos gruesos.
Otro punto importante a tener en cuenta, es que nuestra flora tiene tendencia a acumular compuestos secundarios volátiles e inflamables.
En su mayoría parece que los motivos que hacen a nuestra flora fácil pasto del fuego, son a su vez aquellos que le permiten sobrevivir en un ambiente seco con elevado estrés hídrico.
Antes de despedirme me gustaría dejaros tranquilos al deciros que la mayoría de nuestras plantas, presentan estrategias tanto pasivas, resistiendo el fuego (ej. El corcho del alcornoque) o activas recolonizando rápidamente pro rebrote y germanización la zona incendiada, rica en nutrientes de fácil absorción.
Escrito por Ismael Ferreira Palomo a las 30 ene, 2012 en Ecología, FIsiología Vegetal | 306 views | Etiquetas: clima Mediterráneo, estres hídrico, Fuego, incendio | 0 comentarios
Se ha puesto en marcha un estudio genético de poblaciones sobre la especie Eriocheir sinensis un cangrejo natal de china que se considera una de las 100 especies más invasivas y dañinas del mundo. Este estudio se está llevando a cabo mediante una colaboración entre la Universidad de Valencia y la Universidad Nacional de Taiwán. Se cree que llegan larvas a España, en barcos comerciales. Uno de los problemas que ocasionan es que al bajar a aguas saladas a la hora de reproducirse, atascan cañerías y sistemas de refrigeración. Aparte son vectores para el parásito Paragonimus westermani (duela pulmonar) que infecta a humanos y otros mamíferos ocasionando pérdidas de millones de euros en países del norte de europa. Ya se han visto especímenes en Vigo, cerca del Parque Natural Doñana y especialmente en el puerto de Sevilla.
Estas especies invasoras, además, conllevan a la alteración de las cadenas tróficas, y a la densidad y crecimiento de otras especies. La unica forma hoy día es la captura de adultos, que resulta ineficiente. La idea del estudio es conocer mejor las rutas de migración de estos cangrejos y ver cómo llegan a España para así llevar a cabo acciones mejores de control de plagas.
Fuente: eleconomista.es
Escrito por Francisco Gálvez Prada a las 13 ene, 2012 en Ecología | 367 views | Etiquetas: cangrejo, chino, especie, Europa, invasora, sevilla | 2 comentarios
Es una forma sencilla y comprensible de evaluar si nuestro actual consumo de recursos es o no sostenible.
El WWF (Fondo Mundial para la Vida Silvestre) define huella ecológica como una medida del impacto ambiental total generado por una determinada población sobre el medio ambiente.
Se expresa por la cantidad de área productiva, terrestre o marina, valorada en hectáreas de superficie terrestre, necesaria para la producción de todos los recursos (alimentos, madera, infraestructuras, energía, etc.) que se consumen para asimilar todos los residuos generados y para que se desarrolle la vegetación que sería necesaria para absorber todo el CO2 emitido a la atmósfera como consecuencia de la quema de combustibles fósiles.
El valor medio anual de la huella ecológica, en 2004, a nivel mundial es de 2,3 hectáreas por habitante. Sin embargo, el valor medio de la capacidad ecológica de la Tierra es de 2,1 hectáreas por habitante, lo que significa que ya hemos traspasado su capacidad de carga en 0,2 hectáreas por habitante.

Como vemos en la gráfica ya sobrepasa el 100% de la capacidad ecológica de la Tierra para sustentarnos.
Fuente:
Calvo D., Molina M.T., Salvachúa J.: Ciencias de la Tierra y Medioambientales. Ed McGraw-Hill (2004).
Escrito por Jesús Cebrino Cruz a las 12 ene, 2012 en Ecología | 179 views | Etiquetas: capacidad de la Tierra, hectárea por habitante, Huella ecológica, impacto ambiental, sostenibilidad, WWF | 0 comentarios
El Niño es un fenómeno climático, erráticamente cíclico, que consiste en un cambio en los patrones de movimiento de las corrientes marinas. . A este fenómeno le dieron el nombre de Corriente de El Niño, por su asociación con la época de la Navidad y el Niño Jesús.
Una situación normal de la costa de Perú sería el empuje de los vientes alisios hacia el oeste al agua superficial del Pacífico, originándose el afloramiento del agua y la fertilización de la zona. Dichos vientos parten de un anticiclón situado sobre la Isla de Pascua (formado porque la atmósfera se enfría por contacto con el agua fría de la zona de afloramiento) y concluyen en una borrasca situada en las proximidades del continente asiático.

El Niño, llamado también Oscilación Meridional (ENSO), se debe a un excesivo calentamiento superficial de las aguas del Pacífico oriental en las costas de Perú. Ocurre cada 3-5 años y dura unos 18 meses, alcanzando valores máximos en Navidad. El niño se produce cuando los vientos alisios amainan y no arrastran el agua de la superficie oceánica hacia el oeste. Entonces, el agua superficial se caldea y se forma una borrasca, quedándose las nubes junto a la costa de Perú que, en condiciones normales, es árida. No se produce afloramiento porque persiste la termoclina (superficie que separa arriba/abajo las aguas de diferente temperatura y densidad, impidiendo su mezcla) y la riqueza pesquera decae.
¿Y qué pasa con La Niña?. Se llama La Niña a una exageración de esta situación normal que ocurre en las ocasiones en las que los alisios soplan con más fuerza de lo normal.
Fuente:
Calvo D., Molina M.T., Salvachúa J.: Ciencias de la Tierra y Medioambientales. Ed McGraw-Hill (2004).
www.elclima.com.mx
Escrito por Jesús Cebrino Cruz a las 22 dic, 2011 en Ecología | 176 views | Etiquetas: afloramiento, agua superficial, borrasca, corriente marina, El Niño, ENSO, fenómeno, fertilización, La Niña, Oscilación Meridional, Peru, temperatura | 0 comentarios