El doloroso síndrome Irukandji

Un ejemplar de Carukia barnesi

Imagina que estas dándote un baño en las aguas de Australia, te ajustas bien las gafas de bucear, tomas una bocanada de aire y desciendes a ver las bellezas del mar. Durante la inmersión sientes un pequeño pinchazo en el brazo, bastante leve. Es tan insignificante que sigues dando brazadas detrás de los peces. Al cabo de unos minutos empiezan a dolerte los músculos, la cabeza, la espalda, el pecho y sientes náuseas. Rápidamente sales fuera del agua, los síntomas no sólo persisten sino que en los próximos treinta minutos te dolerá más, tienes más nauseas, sudoración, ansiedad e hipertensión… Al venir los servicios de emergencia le pondrán nombre a todo el cuadro sintomático: tiene usted el síndrome de Irukandji. No te preocupes, aunque no tiene tratamiento (tendrán que ponerte analgésicos como la morfina) no es mortal pero vas a pasar tu peor trago entre las próximas cuatro y treinta horas. 

El síndrome de Irukandji fue descrito por Hugo Flecker en 1952 que le puso el nombre en honor de una tribu aborigen australiana que habitaba en una zona dónde era común el síndrome. Sin embargo, nadie sabía porqué se producía aunque se imaginaban que sería algún tipo de animal marino. La búsqueda del culpable se convirtió en una tarea imposible ya que parecía desaparecer de la escena del crimen tan pronto como actuaba.

En 1964 Jack Barnes, un médico acostumbrado a tratarlo, se dispuso de solucionar el enigma de una manera un tanto peculiar. Eligió una de las playas en las que más

Una medusa muy pequeña

casos de daban, se puso las gafas de buzo y se armó con un bote para capturar al culpable. Tras un tiempo buceando, dio con algo sumamente pequeño. Era una medusa que cuyo cuerpo no alcanzaba los treinta milímetros de altura y con cuatro tentáculos de algo más de 50 milímetros cada uno. Volvió a la orilla, la sacó del bote y dejó que le picara en el brazo. Con él, también se encontraban su hijo y un socorristas que accedieron a ser picados. Al cabo de los minutos, los tres sufrían el síndrome de Irukandji. Había encontrado al culpable.

La medusa fue catalogado como Carukia barnesi, una especie perteneciente a la clase de los cubozoos. Eso sí, esta pequeña aún sigue guardando secretos y es que aún se desconoce el veneno que usa. Además, no actúa sola… en la actualidad se acepta que el síndrome de Irukandji lo provocan más de diez especies de cubozoos. De esta manera, la geografía del síndrome no sólo se extiende a Australia, sino que lo podemos encontrar en Hawaii, Florida, el Caribe y Papua Nueva Guinea entre otros sitios.

Por si no hubiera quedado claro la relación entre las medusas y el síndrome, algunos se han atrevido a recrear el experimento de Jack Barnes. Aquí os dejo un extracto del documental que se grabó del mismo.

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Algo sobre el Autor


Licenciado en Biología por la Universidad de Sevilla. Estudiante del Máster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental impartido por la Universidad Pompeu Fabra. Persigo la meta de la divulgación científica (en concreto la biología) como medio de vida. Es así como nace la idea de llevar la revista Drosophila desde el Campus de Reina Mercedes en Sevilla al vasto mundo online. Puedes encontrarme en angelleon@drosophila.es


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