Rastros de la evolución
Escrito por Manuel García a las 14 dic, 2011 en Evolución | 386 views | Etiquetas: coxis, Evolución, huellas, Organos vestigiales, primates, rastros, tuberculo de darwin, vestigios| 0 comentariosEs curioso que después de millones de años todavía conservemos parte del genotipo de nuestro antepasado primate. Más de uno sabrá que existen órganos cuyas funciones a día de hoy las desconocemos por completo, por ese motivo creemos que han sido órganos que con el paso del tiempo y con el “filtro” que supone la selección natural han quedado como “huellas del pasado”, a estas huellas actualmente se les denomina órganos vestigiales.
A lo largo de la evolución la función original de estos órganos se ha perdido. En 1893, Robert Wiedersheim publicó una lista de 86 órganos humanos de los que se desconocía su función. Teorizando que eran vestigios de la evolución, los llamó “vestigiales”.
En nuestro caso hay al menos cuatro vestigios de órganos que han quedado en desuso, tres de ellos podemos observarlos a simple vista.
Para empezar el denominado plica semilunaris (indicado con el número 4 en la imagen), residuo vestigial de la membrana nictitante y que en otros seres vivos supone el tercer parpado. ¿A quién no se le ha puesto la carne de gallina cuando hemos sentido algún temor o amenaza? Pues bien, esta reacción también se trata de un vestigio del pasado, aunque no sea directamente un órgano el protagonista. Nuestros antepasados lo aprovechaban para aparentar un mayor tamaño y amedrentar a los enemigos mediante la elevación del vello corporal. También otros órganos como el apéndice y el cóccix (coxis). Mucha gente mantiene que el cóccix es el resto de una cola perdida. Las muelas del juicio también son vestigiales.
Algunas características pueden ser vestigiales en uno de los sexos pero no en el otro, ya que son homólogos, pero no comparten funciones similares entre los sexos. Órganos con distintos propósitos en un sexo, por ejemplo, el pezón, puede ser más o menos inútiles en el otro, pero no tan dañinos como para representar una desventaja evolutiva. Estas características se convierten en vestigiales en dicho sexo. El clítoris ha sido descrito como un pene vestigial por algunos científicos, como Stephen Jay Gould. Otros argumentan que el clítoris sirve para una función reproductiva importante como es el orgasmo femenino.
El tubérculo de Darwin es un engrosamiento del borde de la oreja presente en muchos seres humanos, y se interpreta como vestigio de la punta de la oreja común en mamíferos (abajo).
Ahora tenemos también el caso de otros animales como las ballenas y otros cetáceos, en los que se puede encontrar pequeños huesos de patas vestigiales enterrados profundamente dentro del cuerpo; son restos de las patas de sus ancestros terrestres. Las alas de avestruces, de los kiwis y los emúes son vestigiales, remanentes de sus ancestros voladores.
Cuando se define la palabra “vestigial” hay debate entre la comunidad científica, con gente reclamando una estricta interpretación; sugieren que el órgano debe ser estrictamente inútil para ser clasificado como tal. Otros reclaman que un órgano en un animal actual puede ser descrito como vestigial si no cumple la misma función en ese mismo animal que la que cumplía en alguno de sus antecesores evolutivos, incluso si el órgano actual tiene un uso completamente diferente. Un ejemplo de esto es la vejiga natatoria de muchos peces, que se piensa que es un pulmón vestigial, derivado de un posible órgano para respirar aire de los antecesores comunes de los Actinopterygii y los vertebrados terrestres.
*Datos y referencias extraídos a partir de los apuntes de Licenciatura de Biología.











