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Drosophila melanogaster cortejo y apareamiento, bases genéticas y evolución de su comportamiento

Hola amigos, he cursado la asignatura de PECA (principios evolutivos del comportamiento animal) en tercero de Biología en la Universidad de Sevilla y hemos estudiado las pautas de cortejo y apareamiento en Drosophila

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A un servidor le resulta muy simpático este comportamiento, así que voy a comentarlo un poco y a hablar de los experimentos realizados para verificar que dichas pautas de comportamiento tienen una base genética y también voy a comentar por encima el proceso de selección del comportamiento en la evolución, ya que se está cuestionando bastante últimamente.

Drosophila melanogaster, como sabemos, es la mosca de la fruta y uno de los organismos modelo para realizar experimentos genéticos, puesto que tiene un ciclo reproductor bastante rápido y abundante descendencia. Al igual que ha sido objeto de estudio para la genética, lo ha sido también para otra ciencia: la Etología o ciencia del comportamiento animal.

Una de las cosas que estudia la etología son las pautas de comportamiento, es decir: acciones claras y discretas que llevan a cabo los animales, por ejemplo: un lobo que ensena los dientes cuando se siente intimidado. En el caso del cortejo de Drosophila, se han observado distintas pautas, de las cuales hablare a continuación.

La hembra se encuentra felizmente en un lugar cualquiera, llega el macho y se aproxima a ella formando un determinado ángulo. Una vez se ha acercado, toca con su pata el abdomen de la hembra. Acto seguido, levanta un ala y la hace vibrar, lo cual produce un zumbido rítmico que, si es el adecuado, permitirá al macho copular con la hembra o, mejor dicho, que esta le permita copular.

Podríamos compararlo con el trovador que le canta a su amada, que se encuentra en el balcón de su casa. Si le canta una bonita serenata, es posible que pase una noche muy entretenida. Pero sigamos con el cortejo de Drosophila, pues aquí no acaba la cosa. Si la hembra accede a copular, el macho, atentos, acercara su cabeza al abdomen de la hembra, sacara su aparato chupador- lamedor y lamerá los genitales de la hembra. Acto seguido se dará la copula, curioso .eh?

Bueno, pues visto esto, se procedió a realizar una serie de mutaciones en Drosophila. Una de ellas es la del llamado fenotipo Yellow, en el cual los machos presentan dos cromosomas Y, en lugar de uno X y otro Y, y son de color amarillo, de ahí el nombre del fenotipo. Estos machos tienen una anomalía, y es que no consiguen hacer vibrar su ala de tal forma que a la hembra le resulte “agradable” y le permita copular, así este no podrá transmitir sus genes a la descendencia, causa primordial de la reproducción. Por tanto se puede apreciar una selección genética del comportamiento en este caso: el macho que no vibre bien su alita, no mojara la colita.

Otras mutaciones descritas se manifiestan durante la copula. El llamado fenotipo Stuck hace que el macho continúe copulando después de los 20 minutos habituales que suele durar en Drosophila (¿qué pensaría la hembra?). Coitus interruptus, como su nombre indica, hace referencia a un fenotipo en el cual el macho interrumpe la copula antes de pasados 10 minutos (¿diría la hembra eso que dicen las japos de: como que ya ta?). Con el fenotipo llamado Tko, el macho sufre durante la copula una serie de convulsiones, abandona la copula, continua convulsionando y posteriormente entra en coma, al cabo de unos minutos se recupera.

Visto lo visto, se evidencia que algunos genes tienen cierta implicación en las pautas de comportamiento. Sin embargo esta relación no es directa puesto que, como ya sabemos, los genes se transcriben a un mensajero y este se traduce a proteína. Y aquí está el kid de la cuestión. Las proteínas codificadas por estos supuestos genes de comportamiento tendrán una función fisiológica. Pues muchas pueden ser receptores de membrana, enzimas o proteínas estructurales de algunos tipos celulares clave. Puesto que se verifica que algunos de los comportamientos animales presentan una base genética, podemos pasar al siguiente escalafón: la selección natural de los comportamientos.

Como sabemos, la selección natural de los caracteres fenotípicos es uno de los elementos cruciales para que una población de individuos cambie o “evolucione” al cabo de X generaciones, dando ejemplares fenotípicamente distintos y, a veces, genotípicamente también. El ambiente que rodea a una serie de individuos es el elemento primordial para que se de la selección natural, así los que posean los caracteres físicos o los comportamientos, determinados genéticamente, más adecuados para sobrevivir en dicho entorno serán los que lograran pasar dichos caracteres, o mejor dicho: genes, a su descendencia, fijándolos de esta forma en la población y propiciando la aparición de individuos mejor adaptados.

Esto explica porque los fenotipos de Drosophila antes mencionados: Yellow, Suck, Coitus interruptus o Tko no aparecen en generaciones posteriores. La selección natural no permite que tales comportamientos continúen existiendo puesto que, desde el punto de vista reproductivo, son inviables. Como podéis ver, algunos comportamientos pueden ser motivo de selección natural y de evolución. La evolución es, pues, algo tangible, algo empírico. Aunque nuestros conocimientos no nos permitan dar una explicación completa de cómo ha evolucionado la vida en la Tierra, tenemos la certeza de que ocurre por una serie de fenómenos naturales, que no divinos, aunque alguno que otro piense que puede darle una vuelta de tuerca más al asunto y darle un fundamento metafísico, ahí ya no me meto a hablar.

Carlos Rivero Núñez

es estudiante de Biología

Artículo incluido en el número 2


Algo sobre el Autor


Estudiante de biología de la Universidad de Sevilla. Desde hace unos años persigo la meta de la divulgación científica como medio de vida, en concreto la biología. Es así como nace la idea de llevar la revista Drosophila desde el Campus de Reina Mercedes al vasto mundo online. Puedes encontrarme en angelleon@drosophila.es o en @tsalawaly.